La Convención de 2003: arquitectura jurídica
La Convención desplazó el foco del monumento al portador: de la piedra a la persona.
Analizar políticas culturales y discursos patrimoniales.
La Convención desplazó el foco del monumento al portador: de la piedra a la persona.
Las inscripciones no son neutrales: distribuyen visibilidad, recursos y capital simbólico entre Estados.
Nada es patrimonio por naturaleza: algo llega a serlo mediante un proceso social identificable.
Exigir pureza a una práctica viva equivale a pedirle que deje de estar viva.
El consentimiento libre, previo e informado es el estándar mínimo de cualquier intervención patrimonial.
El derecho de autor, pensado para individuos y obras fijas, encaja mal con los saberes colectivos.
El conocimiento sobre patrimonio vivo se produce estando allí, durante tiempo suficiente.
Calendarios rituales y agrícolas se desajustan cuando el clima deja de comportarse como antes.
Las prácticas viajan con las personas y se reconfiguran en destino.
Sin indicadores, un plan de salvaguardia es una declaración de intenciones.